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9 de feb. de 2011

Hipersensibilidad sensorial, comportamiento repetitivo y otros síntomas del autismo:

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No todos los niños presentan todos los síntomas descritos como clásicos y ninguno de ellos es patognomónico o decisivo. Consecuentemente, la ausencia de cualquiera de ellos no es excluyente del diagnóstico de autismo. Aunque algunos estudios e informes familiares señalan anomalías observables en los primeros 12 – 18 meses de vida, es actualmente a partir de los 24 meses cuando se aprecian, con mayor intensidad, los síntomas característicos. El desarrollo del lenguaje, en los primeros años de vida, presenta un retraso significativo o características peculiares en una mayoría de personas con TEA. En niños de alrededor de dos años de edad, los síntomas más frecuentes son: la ausencia de una mirada normal a los ojos; el no compartir interés o placer con los otros; la falta de respuesta al ser llamado por su nombre; el no “llevar y mostrar” cosas a los demás, y el no señalar con el dedo índice.


¿Cuáles son los síntomas característicos del autismo?

a) Alteraciones cualitativas en la interacción social: Las alteraciones sociales son el principal síntoma del autismo. Estas personas encuentran difícil ajustar su comportamiento al de los demás, ya que no entienden muy bien las convenciones y normas sociales. Suelen tener problemas para compartir el mundo emocional, el pensamiento y los intereses. No les resulta sencillo apreciar las intenciones de los demás, desarrollar juegos y hacer amigos. En consecuencia, el mundo social no les resulta fácil y en muchas ocasiones no les interesa, mostrando aislamiento. Estas limitaciones sociales son especialmente marcadas en la infancia, atenuándose un poco a lo largo de la vida; ya que su interés social va aumentando espontáneamente y ello favorece el aprendizaje de nuevas competencias.

b) Alteraciones cualitativas de la comunicación: Los primeros estudios realizados en el autismo identificaban que un 50% de los personas afectadas no desarrollaban lenguaje hablado funcional a lo largo de su vida (si tenemos en cuenta el actual concepto de TGD o TEA, este porcentaje disminuye sensiblemente). Existen otros casos, que empiezan a hablar y que luego pierden su lenguaje. Frecuentemente, aquellos que desarrollan el habla lo hacen con ciertas características peculiares: ecolalia, perseveración, inversión pronominal, entonación anormal, etc. Lo más característico es el que el lenguaje no es utilizado de manera social para compartir experiencias y vivencias; presentando dificultad para iniciar o mantener una conversación recíproca; comprender sutilezas, bromas, ironía o dobles intenciones. Este fallo de la comunicación verbal se acompaña además de pobreza o ausencia de la comunicación no verbal: gestos, posturas o expresiones faciales que acompañan normalmente al habla o la sustituyen.

c) Patrones restringidos de comportamiento, intereses y actividades: Las personas con autismo presentan intereses especiales, que no son frecuentes en otras personas de su edad (fascinación por partes de objetos, piezas giratorias, letras o logotipos, etc.), aunque lo más característico es que no comparten sus intereses con los demás. Pueden aparecer movimientos corporales estereotipados (aleteos, giros sobre uno mismo, balanceo, ambulación sin funcionalidad, etc.). El juego tiende a ser repetitivo y poco imaginativo (hacer hileras, agrupamientos, fascinación por contar y repetir, etc.). Muchas personas presentan ansiedad ante los cambios de sus rutinas y/o del entorno (horarios, recorridos, objetos o personas que cambian su ubicación o postura, etc.). En las personas con mayor capacidad intelectual sus intereses restringidos son más sofisticados y pueden incluir el hacer colecciones, listados, recopilar datos sobre temas específicos: astronomía, monedas, mapas, trenes, programas informáticos, etc. En todo caso, normalmente no están interesados necesariamente en compartir su conocimiento de manera recíproca.

Aunque no están recogidos en los actuales criterios diagnósticos, muchas de estas personas, especialmente durante su infancia, padecen fenómenos de hipo e hipersensibilidad a los estímulos sensoriales. Esta alteración sensorial puede explicar fenómenos frecuentemente observados como por ejemplo, taparse los oídos, no tolerar determinados alimentos o tejidos, rechazar el contacto físico, autoestimularse con la saliva o mirando reflejos ópticos, o responder inusualmente al dolor.

Comportamiento repetitivo


El comportamiento repetitivo es un síntoma no específico, que históricamente ha sido considerado como un marcador de psicopatologías. El término comportamiento repetitivo se utiliza para referirse a una amplia gama de comportamientos que se llevan a cabo a menudo, de manera invariable, y no son apropiados o raros. Este comportamiento se observa en una amplia gama de trastornos psicológicos y condiciones médicas, con niveles subclínicos reportados en la población normal, comúnmente en niños pequeños. La investigación en la biología subyacente de la conducta repetitiva se ha concentrado en las funciones de neurotransmisores, principalmente la serotonina y la dopamina. Esta investigación recién comienza y está marcada por incoherencias, pero sugiere que la misma química y estructuras neuronales subyacen al comportamiento repetitivo en una serie de trastornos.
Este estudio se centra en dos condiciones en las que el comportamiento repetitivo es un síntoma principal, Trastornos del Espectro Autista (TEA) y Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), con el fin de evaluar las similitudes y diferencias en el comportamiento repetitivo en cada uno en estos trastornos. Esta comparación tiene por objeto proporcionar información sobre la especificidad de las formas particulares de comportamiento repetitivo en cada uno de estos trastornos y, en general, para mejorar nuestra comprensión de este síntoma importante.
El autismo y el síndrome de Asperger (AS) son parte de un grupo de trastornos generalizados del desarrollo. El comportamiento repetitivo se ha considerado un componente central de estos trastornos desde los primeros conceptos, y sigue estando incluido en los criterios diagnósticos actuales. Una amplia gama de comportamientos repetitivos han sido observados en niños con autismo y SA, incluyendo manierismos motores repetitivos, un deseo obsesivo por la monotonía, reacciones negativas de cambio, y una estrecha gama de intereses que se persiguen de manera obsesiva.
Los comportamientos parecen cambiar en la presentación a través del tiempo. Un estudio reciente encontró que los niños más pequeños con autismo (niños de 2-4 años) tienen conductas repetitivas principalmente motoras y sensoriales, mientras que los niños mayores (7-11 años) presentan comportamientos más. Otro estudio reciente informó que aunque la edad se relaciona con mejoras en el ámbito social y la comunicación, respectivamente, había menos mejoras en el dominio de conductas repetitivas. Estos comportamientos no aparecen exclusivamente en Trastornos del Espectro Autista, pero la co-ocurrencia de una serie de comportamientos repetitivos en estos trastornos sugiere que estos comportamientos forman una clase. Se ha demostrado que tasas mayores de comportamiento repetitivo diferencian a los individuos con autismo o SA de individuos con una variedad de otras.
El comportamiento repetitivo, en forma de obsesiones y compulsiones, es un componente de la definición del trastorno obsesivo compulsivo (TOC), un trastorno que es cada vez más reconocido en los niños y adolescentes. El trastorno parece tener un patrón bimodal de aparición, con el primer pico alrededor de la pubertad, y el segundo en la edad adulta temprana. La edad de inicio ha sido examinado retrospectivamente, y cerca de un tercio de los adultos informa que sus síntomas comenzaron antes de los 15 años de edad. La opinión generalmente aceptada es que las obsesiones son pensamientos intrusivos repetitivos que disparan ansiedad. Las personas a menudo se sienten obligadas a realizar un ritual o una compulsión, que puede aliviar temporalmente la ansiedad. Sin embargo, algunos niños tienen compulsiones en ausencia de las obsesiones claras y la mayoría informa más compulsiones que obsesiones, y unos pocos reportan únicamente obsesiones. Varios autores han sugerido que la conducta compulsiva puede inicialmente ocurrir por una variedad de razones, por ejemplo, como resultado de un déficit neurológico, y que las obsesiones pueden aparecer más tarde como un individuo intenta dar sentido a su comportamiento repetitivo, que de otra manera no tendría sentido.
La investigación ha indicado que el TOC se asocia con otras formas de comportamiento repetitivo, y aproximadamente un tercio de los niños y adolescentes con TOC también cumplen los criterios de un trastorno de tic. La comorbilidad con otras formas de comportamiento repetitivo, como los que suele observarse en niños con TEA, no ha sido evaluada.
Las similitudes en el comportamiento repetitivo en los TEA y el TOC indican que a veces se requiere una evaluación cuidadosa para realizar un diagnóstico diferencial. Otra cuestión que ha recibido cierta atención en la literatura es la de si un TOC secundarioa puede o debe ser diagnosticada en personas con TEA. El DSM IV sugiere que el comportamiento repetitivo es una fuente de placer en esta patología, pero una fuente de ansiedad en el TOC: promueve la consideración de las deficiencias sociales y de comunicación al considerar el diagnóstico diferencial, pero no proporciona ninguna orientación en relación con el diagnóstico secundario.
La evaluación de las similitudes y las diferencias del comportamiento repetitivo entre TEA y TOC es probable que se haya visto obstaculizados por varios factores, incluyendo el uso de una terminología diferente. Por ejemplo, los niños con autismo a menudo se describen como "obsesionados" con un área específica de conocimiento, pero esto difiere de las obsesiones en el TOC, ya que se disfruta y no parece provocar ansiedad. Es posible que los niños con TEA persigan sus intereses circunscritos de forma obsesiva como una respuesta a la ansiedad, sin embargo, las alteraciones en el lenguaje y las dificultades de introspección en estos niños hacen que sea difícil evaluar esto. Estos factores también hacen que sea difícil evaluar si los niños con TEA consideran sus comportamientos repetitivos como extraños y no deseados, una característica que se considera como un componente de la definición del trastorno obsesivo compulsivo.
Un estudio ha tratado de comparar el comportamiento repetitivo en TEA y en TOC. Los adultos TEA reportaron más obsesiones que compulsiones, y, en general reportaron obsesiones y compulsiones menos sofisticadas que aquellos con TOC. El estudio se basó en gran medida en el informe de los padres ya que la mayoría de las personas con TEA tenía una discapacidad intelectual, y una proporción significativa no tenían lenguaje. Además, la diferencia en inteligencia entre los grupos puede haber exagerado las diferencias entre los dos trastornos.
Las causas subyacentes de la conducta repetitiva no están claras, aunque la modulación de excitación suele ser sugerida para TEA, y la ansiedad para el TOC. Las deficiencias en el funcionamiento ejecutivo también se han sugerido como un factor causal, con impedimentos demostrado en ambos trastornos.
En resumen, algunas similitudes en el comportamiento repetitivo son evidentes en el TOC y TEA en niños, de modo que el diagnóstico diferencial puede ser difícil y el diagnóstico de TOC secundario para las personas con TEA es un tema no resuelto. La comparación de comportamiento repetitivo en los niños con los dos trastornos no se ha realizado.
Algunos resultados sugieren diferencias en el tipo del comportamiento observado en los dos trastornos. Los niños con TOC reportaron más compulsiones y obsesiones que los niños con TEA, que a su vez informó de más compulsiones y obsesiones que los niños con un desarrollo típico. Un examen del tipo de compulsiones y obsesiones en cada trastorno sugiere que las compulsiones en TEA tienden a ser menos sofisticadas. Estos resultados son razonablemente consistentes con los reportados anteriormente. El comportamiento repetitivo fue más frecuente en los niños más pequeños con TOC, y los niños mayores con el trastorno informaron más obsesiones. En los niños con TEA la edad no se relacionó significativamente con el comportamiento repetitivo, movimientos repetitivos, las obsesiones o compulsiones.

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Fuente:
- Grupo de Estudio de Trastornos del Espectro Autista. Instituto de Investigación de Enfermedades Raras- Instituto de Salud Carlos III

http://www.isciii.es/htdocs/pdf/aut_16ra.pdf
- Comportamiento repetitivo en niños con autismo de alto funcionamiento y trastorno obsesivo compulsivo. Zandt, F.; Prior, M.; Kyrios, M. (2007) Repetitive Behaviour in Children with High Functioning Autism and Obsessive Compulsive Disorder. J Autism Dev Disord 37:251–259, A través de http://quelindafamilia.blogspot.com/